Unde Veniet Lux Mea?
¿Por dónde vendrá la luz
si no es por los lugares rotos,
donde el eco del tiempo se pierde
entre escombros, entre grietas y dolor,
caminando entre espinas,
buscando el resplandor?
Se despiertan los anhelos,
los anhelos olvidados,
en los lugares desgastados
donde el tiempo deja su huella.
Ahí se revela la fortaleza
que dentro de nosotros destella,
y en cada paso buscamos
el sentido de lo que hemos de aprender.
Porque ¿por dónde vendrá la luz,
sino de los lugares rotos,
donde aprendemos a amarnos
con los ojos más devotos?
Son precisamente esos lugares rotos
donde uno se siente más humano,
donde la fragilidad se convierte en fuerza
y el amor encuentra su profundidad.
En cada herida sanada,
en cada lágrima secada,
se descubre la belleza
que reside en nuestra esencia.
Cada cicatriz cuenta una historia de resistencia,
y cada desafío nos enseña
la verdadera naturaleza
de nuestra existencia.
Porque ¿por dónde vendrá la luz,
sino de la introspección,
donde hallamos la belleza
en nuestra propia reflexión?
En cada paso dado,
una afirmación de nuestra plenitud,
y en cada espejo que enfrentamos,
vemos reflejada la verdad pura,
la imagen de la nobleza
que mora en lo más profundo de nuestro ser.
Nos encontramos con la verdad desnuda,
con la esencia pura
que nunca se enquista ni se derrumba,
donde el alma se fortalece
en la aceptación de su propio brillo
y su oscura penumbra.
Porque ¿por dónde vendrá la luz,
sino del perdón y la aceptación,
donde liberamos el peso del pasado
y abrazamos la transformación?
En cada sombra descubrimos
una nueva faceta de nuestra verdad,
y en cada silencio encontramos
la fuerza para continuar.
Así, en cada página escrita
con lágrimas y risas,
encontramos la entidad
de lo que somos
y de lo que aspiramos ser.
Porque ¿por dónde vendrá la luz?
Siempre será de los lugares rotos,
donde aprendemos a ser completos,
donde los errores se convierten en lecciones,
y cada paso nos acerca
a nuestras verdaderas pasiones.
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