So much to me.

Hoy los versos más tristes me escribieron,
en la penumbra de mis sueños rotos,
en un mar de ausencia y nostalgia sin final,
donde el eco de las palabras se pierde
como hilos de una trama inexorablemente tejida,
donde el cómo y el por qué
se disuelven en la oscuridad.

Estoy aquí,
entre líneas de melancolía,
donde los susurros del pasado
resuenan como ecos perdidos.
Cada palabra es un eco
de la eterna búsqueda de significado
en un universo indiferente y vasto.
Estoy cansada de este mundo tan apagado,
todo se va desgastando,
tardo en estar bien mentalmente,
pues estos lares no me están ayudando.

Los versos más tristes me atrapan
en su red de palabras,
como si fueran nudos en el hilo de mi destino,
recordándome que soy solo un fragmento
de esta narrativa,
una voz efímera en un poema eterno.

Los versos más tristes testimonian mi fragilidad,
pero también resguardan la llama
de un anhelo persistente,
una creencia en que las lágrimas
fertilizan el alma,
y el dolor se convierte en el cimiento
de un amor renovado
ante mis anhelos rotos
y mis promesas incumplidas.

Estoy aquí,
entre la tinta y el papel marchito,
buscando respuestas en un poema sin fin,
donde los susurros del pasado
se entrelazan con mi presente,
y el futuro se dibuja borroso
en un horizonte lejano.

Estoy aquí,
navegando en las corrientes del corazón herido,
donde la tristeza y el amor
entrelazan sus destinos,
como dos almas que se buscan
en la vastedad del tiempo,
con la esperanza de encontrar consuelo
en el abrazo del verso.

En el silencio de la noche
encuentro mi voz,
susurrando mi añoranza y mi dolor.
Escribo mi verdad,
las cicatrices del alma
y la esperanza en soledad.
Entre sueños rotos
y promesas por cumplir,
descubro en la poesía
un refugio para seguir.

Así, en la penumbra
de mis sueños y mi anhelo,
resisto, persisto,
en el poema más bello.
Porque cada verso
es un paso hacia la luz,
donde la nostalgia se transforma
en la paz que produzco yo misma
al escribir esta prosa.

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