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El préstamo de nuestras cenizas heredadas

Hola, padre: Espero que estés bien, donde sea que te encuentres. Te escribo porque es la única forma que encuentro para entregarte lo que ya no puedo cargar; dejo las palabras aquí para que se queden a tu lado. Necesito que a través de estas líneas sepas todo lo que se quedó guardado. Préstame tu muerte un rato, solo para entender el frío que te habita. Necesito saber si esta losa de pena que llevo en la espalda es tuya, o es mía, o es simplemente la sombra que nos imita. Existe en mi pecho un bloque de cemento y de herencia que me dobla el cuerpo hacia la tierra; ese lugar donde ahora estás, donde tu silencio ya no hace guerra y se congelan las esperanzas. Pero la verdad es que nos dejaste una carga demasiado grande, padre. Te has marchado dejando a mi madre con el peso de los años desgastados y el alma rota, a tus hijos intentando sostener el derrumbe de nuestras vidas. Nos ha tocado a nosotros recoger los fragmentos de lo que quedó inconcluso, asumiendo una fortaleza que no pedimos ...

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