Tiempo suspendido en el olvido.

En el silencio resuena el eco de tus palabras frías.
Pediste un tiempo en nuestro sendero,
y mi corazón se siente cuál acero.
Arde el dolor en cada latido,
como llama voraz que no ha sido encendido.

¿Cómo enfrentar este vacío tan profundo,
cuando cada recuerdo me golpea como un cruel laurel?
El tiempo se estira en interminable agonía,
mientras en mi pecho una tormenta se desafía.

¿Qué hacer con este amor que aún palpita,
en un espacio donde la incertidumbre habita?
Te llevo dentro, en cada suspiro y en mi voz,
aunque el destino nos separe, eres mi única voz.

El reloj marca horas que se deslizan lentas,
mientras el recuerdo de nosotros me alimenta.
¿Cómo olvidar los besos o las promesas que hicimos,
cada gesto, cada palabra, resonando en el abismo?
Nos entregamos en cuerpo y alma,
sin mirar atrás, sin más.

Las dudas se entrelazan con mis pensamientos,
y me pregunto si volverás o te perderé para siempre.
Y así, entre suspiros de resignación y lágrimas contenidas,
aceptamos que el tiempo nos ha llevado
por caminos distintos.

En el crepúsculo de nuestros sueños compartidos,
queda la nostalgia de un amor que fue y ya no es.
Nos despedimos con el eco de palabras no dichas,
con el peso de los sueños rotos sobre nuestros hombros.
En el rincón más profundo de mi corazón,
siempre te guardaré,
como un recuerdo imborrable
de los días en que fuimos uno,
en cuerpo y alma.

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