Yo sé que el problema está en mí.
Ella llora en silencio cuando nadie la escucha,
cuando el mundo cierra sus ojos y su juicio no alcanza.
Guarda historias y cicatrices profundas,
secretos que nunca quiere revelar,
al menos no hasta que su alma decida hacerlo.
La gente se cansa,
y ella aprendió a callar,
a no pedir promesas que sabe se romperán.
No me hagas promesas,
porque sé que las romperás,
y aunque finjo estar bien, estoy rota por dentro,
destrozada cada vez que escucho tu nombre,
como si un puñal invisible quisiera atravesar mi pecho.
Me miro al espejo y apenas reconozco a la persona que soy,
odio lo que veo, pero aún así me aferro a lo poco que queda.
Quizás a ti no te importe,
pero para mí tú significas el mundo entero.
Alguna vez te revelaré mis secretos,
pero sé que nunca me mirarás igual,
y ese miedo me consume, me paraliza,
porque perderte sería morir una vez más.
lloro hasta vaciarme,
muero un poco más,
y me levanto con un corazón hecho trizas,
luchando por sobrevivir a esta batalla invisible
que solo yo conozco.
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