Odio y amor en duelo.
Odio plasmar lo que siento en una hoja de papel,
como si las palabras pudieran contener el volcán que arde en mí.
Odio que no te des cuenta de lo que en verdad me quema por dentro,
que no veas el fuego invisible que me consume con tu indiferencia.
Odio todo lo que soy cuando estoy cerca de ti,
y odio todo lo que tú eres, porque me tienes atrapada.
Odio verte, porque me recuerdas lo que no puedo tener,
y odio no verte, porque el vacío que dejas es mi peor condena.
Odio mis palabras que a veces parecen traicioneras,
y odio cuando me consuelas con gestos que no bastan.
Odio cuando callas, cuando tu silencio es un muro infranqueable,
Te odio por alejarte y a la vez te amo con toda mi alma.
Odio tus labios, porque en ellos descubro la dulce tortura del deseo,
y odio tu mirada, profunda y penetrante, que desnuda mi alma sin permiso.
Odio que me guste alguien que no me quiere como yo quisiera,
y odio no saber qué piensas, aunque vivo prisionera de tus pensamientos.
Odio tu sonrisa, esa curva que desarma mi razón,
porque en ella se esconde el hechizo que me llevó a enamorarme sin remedio.
Pero lo que más aborrezco es no poder odiar nada de ti,
porque amarte es mi cárcel y mi refugio,
la herida que no sana y la esperanza que no muere.
Reflexiono y comprendo que te odio porque me duele amarte,
porque ese amor no es correspondido ni justo,
porque en el odio se mezcla la rabia y el miedo,
la soledad que siente un corazón dividido.
Odio porque te siento cerca y lejano a la vez,
porque me haces vibrar y caer en el abismo de mis dudas,
porque me arrancan sonrisas y me dejas lágrimas,
y porque, a pesar de todo, no puedo dejar de quererte.
Así que te odio, amor, con la misma intensidad
con la que te amo y me destruyo en el intento,
porque odiar es mi forma imperfecta de proteger este corazón herido,
que no sabe si seguir luchando o rendirse en tu ausencia.
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