Muerte
En el rincón olvidado de su alma,
se quiebra cada noche y renace en sombras.
Una vez un ángel llegó a sus labios y susurró:
“Verás la belleza oculta en el final,
la vida reflejada en el umbral de la muerte.”
Cuando las agujas del reloj crucen la medianoche,
el velo del misterio caerá…
Las campanas resuenan dulces,
llevadas por el viento que arrastra el fin.
Su pecho sangra heridas invisibles,
es solo un espejismo helado, sin esencia,
y aunque la oscuridad lo envuelve,
su luz rompe el silencio.
Son dos almas solitarias,
atadas por la misma soledad eterna.
Su ausencia hiere más que cualquier herida,
es un dolor extraño que late en su pecho.
Siente cómo la sangre arde
por las marcas que dejó ese amor.
Solo la luna llena lo alumbra,
y vive con la esperanza de encontrarlo,
aunque solo sea una vez más.
Se desliza en las sombras para robar un instante,
como la muerte que se lleva la vida.
Anhela las manos sobre su piel,
el roce tibio de un cuerpo junto al suyo,
los labios que solían hablar sin palabras,
un alma entrelazada con la otra.
Un alma solitaria, desgarrada por la agonía,
que oculta su corazón en la penumbra,
incapaz de seguir viviendo
en esta existencia rota y llena de vacío.
Una vida marcada por la suciedad del mundo,
implacable para los que aún son frágiles.
La oscuridad llegó con el ocaso de su ser...
y debe partir con el amanecer de su muerte.
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