Corazón en una caída.
Se repetirá el sonido de nuestros pasos,
sombras que se agrandan,
tal vez por el temor que sientes,
envuelto en este manto nocturno conmigo.
Sin embargo, no deberías temer,
en muchas cosas somos iguales;
también yo te temo,
también yo te sueño.
Las lágrimas de sangre que brotan de mis ojos
las esparzo sobre tu corazón vacío,
lanzo al viento las palabras tímidas de mi ser,
y desearía que salvaras mi alma de la oscuridad.
Tus labios están débiles, pálidos,
se sienten fríos cuando los toco,
y quizás es eso lo que separa nuestras vidas.
Tus labios se mueven,
pero no puedo oír lo que dices.
Quisiera perderme en la suavidad de esos labios,
sentir el calor que alguna vez nos unió,
besarlos hasta borrar el silencio que nos separa,
hasta devolverles la vida que se ha desvanecido.
Me duele el alma pensar que están fríos,
que no llevan la promesa de amor que guardan en el recuerdo,
que se escapan palabras que no llegan a mis oídos,
como susurros perdidos en la distancia.
Amarte es también temerte,
es una caída constante, un salto al vacío
donde las heridas se abren y sanan con la misma intensidad,
donde la pasión arde aunque a veces duela,
donde el deseo se mezcla con la sombra del miedo.
Quiero que sepas que aunque estemos envueltos en la noche,
aunque nuestras voces se pierdan en el eco de la soledad,
mi corazón sigue latiendo por ti,
clama por tus labios que un día fueron mi refugio,
y que aún guardan la promesa de un nuevo amanecer.
No temas, amor, no temas esta caída,
porque aunque el suelo parezca lejano,
mi mano estará siempre para sostenerte,
y mis labios para buscar los tuyos,
hasta que el frío se disuelva y vuelva el calor de nuestro amor.
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