Ochenta y seis.
Aún necesito tiempo para sobrellevar que lo único que nos pudo separar fue solo la muerte. Debo seguir recordándote, pensar en lo que me enseñaste y en cómo actuar en ciertas circustancias de la vida. Recordarte es la mejor manera en la que no mueras en mi mente, aunque físicamente ya no puedas estar aquí presente.
Nunca olvidaré todas las veces que tus arrugadas manos sostuvieron las mías para darme amor. Quisiera poder estar de nuevo junto a ti, es inexplicable lo mucho que te extraño, lo mucho que extraño tus abrazos, tu risa, tus chistes y las historias que tanto me hacían reír a lo largo de mi vida. Te llevaré conmigo en mi corazón por el resto de mis días.
Todos los buenos recuerdos me inundaron y me hicieron sentir una intesa sensación de lágrimas y felicidad. No perdí a mi abuela, simplemente se fue a donde siempre mereció estar, un lugar maravilloso acorde con la persona que era.
Sanarte abuela ha sido lo más díficil que he intentado, me duele que nadie te haya dicho que merecías amor y ser feliz. A pesar de eso, me duele saber que te fuiste de este mundo pensando que así debías vivir, me duele como este fuego que me quema y arderá hasta que me muera. Santa diosa, eres mujer, te pienso todos los días como quien ha callado toda su vida el dolor de haber sido inconsciente de su propia libertad.
Vi tus años convertidos en resignación y que coraje que alguien te robó la ilusión, espero sanarte a través de todas aquellas en las que alguna de sus tristezas he visto en tu rostro.
Comentarios
Publicar un comentario