Escritos de un corazón terco y dañado por ti.

He querido llamarte y me he quedado a medio intento de hacerlo,
he querido hablarte y decirte tantas cosas,
preguntarte por qué me lastimaste,
pero me doy cuenta de que es inútil hacerme esta pregunta.
Y nuevamente soy yo, escribiéndote una carta
que sé que nunca vas a leer.
Cada palabra que te escribí y te dije fue verdadera,
y aun así me hiciste sentir cosas
que nunca ibas a apreciar.
3:51 AM y yo debería estar durmiendo,
pero en cambio, aquí estoy,
demostrándote por última vez lo que sentí por ti.
Sinceramente, ya me cansé de las mentiras
que envenenaron todo lo que soñé contigo.
Y todo esto es extraño,
porque la vida se encarga de recordarme
cada promesa que dijiste,
cada gesto que hiciste,
cada momento en el que juraste sentir algo por mí.
Y eso me duele.
¿Cómo podemos dejar de amar a alguien
a quien amamos con todo, incluso con sus defectos,
cuando esos mismos defectos nos hieren sin piedad?
Quisiera dejar de pensar en ti,
pero cada vez que lo intento
siento que eres lo que más amaré.
Y duele, duele hasta el fondo,
porque amar así es como sostener
un cristal roto con las manos:
te aferras, pero sangras.
A veces pienso en todas las veces
que me lastimaste
y me hiciste creer que todo era culpa mía.
Me robaste la calma,
me dejaste con preguntas sin respuesta,
y ahora tengo el corazón roto
a causa de esta historia
que nunca supiste cuidar.
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