Los tres mundos.

El padre de la mentira, el rey oscuro, frío y lúgubre del inframundo,
es aquel lugar donde tu alma queda atrapada,
vagando eternamente en sombras sin fin.
Un hilo tenue y frágil sostiene tu existencia,
controlado por ese demonio indiferente a tu miseria.
No le importa tu vida, estás condenado a errar sin descanso,
prisionero de la oscuridad eterna.

Satanás, creador y señor de la bestia,
es amante de los pecados: hurto, lujuria, sadismo,
entre otros vicios que devoran el alma.
Pero querido lector, siéntate y ponte cómodo,
porque aún faltan dos mundos más por conocer.

El siguiente es el cielo:
un lugar sagrado, un concepto divino,
elevado en lo alto de un infinito sin límites,
donde solo habitan nubes y ángeles.
Es la morada de un dios, llena de sueños y grandeza,
un refugio donde la igualdad de clases se sueña posible,
y donde el pobre imagina la justicia y la paz.

Cielo o infierno, ¿qué importa?
Entre esos dos extremos existe un tercero: la Tierra.

¿Qué es la Tierra?
Un puente, una frontera invisible,
donde las puertas del cielo y el infierno son adyacentes, idénticas,
y la vida, tan rápida y fugaz,
hace que el alma transite entre luz y sombra en un suspiro.

Solo en mi mente puedo transformar el paraíso en infierno,
y el infierno en un paraíso perdido.
En el cielo, nuestras almas se fundirán en una sola,
en el infierno, nuestros cuerpos se consumirán en llamas.
Moriremos una vez, pero naceremos infinitas veces,
aprendiendo que el verdadero tormento está en el mundo,
en ese espacio donde el pecado habita y corroe,
en el terreno incierto de la vida misma.



piel canela. 💕

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